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¿Existe la gente «tóxica»?

«Esa persona es tóxica para mí».

«Manuel es tóxico para Susana»

«Qué persona más negativa… Es muy tóxica».

En los últimos años escucho de forma habitual este tipo de comentarios, pero emplear el término gente tóxica para referirnos a una persona me parece una moda irrespetuosa y carente de utilidad.

Por supuesto que hay parejas, jefes o amigos con los que la relación se llena de malentendidos. Quizá llames tóxico a quien no respeta tus límites, a quien te chantajea, a quien se queja muy a menudo, a quien no te valora como a ti te gustaría…

Pero hay una realidad que tal vez no sepas. Y es que el plano psicológico funciona siguiendo las mismas leyes que el resto del cuerpo: las neuronas y demás células solo pueden verse afectadas por aquellas sustancias para las cuales tienen receptores. Es decir, aquellas a las que permiten entrar.

Una relación, del tipo que sea, funciona como una cerradura y su llave: solo se abre la puerta y se puede acceder cuando ambos elementos coinciden y forman parte del mismo «juego».

Entonces, si tú estás «intoxicado», ¿qué «receptor» tienes?

¿Cómo eres de tóxico TÚ contigo mismo?

¿Qué pensamientos TE diriges? ¿Qué emociones cultivas? ¿Y TUS actos, son libres?

Puedes centrar tu atención en el «daño» que te hace quien tienes delante y llamarlo tóxico, pero eso no te ayuda a avanzar. Te hace sentirte víctima y desvía la atención hacia lo que el otro no te da, en lugar de mirar el verdadero origen de por qué tú permaneces ahí.

¿No te crees con derecho a poner límites y decir que no? ¿Aceptas situaciones que, en el fondo, no deseas? ¿Te crees merecedor de afecto y amor incondicional?

Tómate un momento para ahondar y responder a estas preguntas, aunque puedan dolerte las respuestas que encuentres. Porque te aseguro que si permaneces en esa «relación tóxica», es porque tienes una creencia y una emoción sobre ti mismo en la que el comportamiento negativo del otro te encaja perfectamente.

Te propongo un cambio de foco: concibe tus relaciones como retos, como un camino de aprendizaje sobre ti mismo y tus límites mentales. Porque, quizá, aquellos que más daño te hicieron pueden haber sido tus mayores impulsores para llevar a cabo un cambio de vida, de trabajo o de pareja.

Y con esto no estoy diciendo que para avanzar vayas en busca de personas que te traten mal y permanezcas con ellas, no. A lo que te invito es a que recuperes tu parcela de poder y decisión, a que cambies de perspectiva, aprendas y tomes medidas de alejamiento si es lo que necesitas.

Pero si ese jefe que te controlaba y te presionaba te hizo buscar otro empleo, o si aquella pareja que te fue infiel te obligó a permanecer solo y a descubrir lo que verdaderamente quieres, ¿cómo vas a llamarlos tóxicos? ¡Al contrario! Son revulsivos del veneno mental que tenías almacenado: ¡son «gente antídoto»!

 

Escrito por: Elena González Morujo

Psicóloga y Neuropsicóloga clínica de Centro médico Prosalud

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