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La dependencia emocional: ¿es verdad que «no puedo vivir sin ti»?

Dependencia emocional es algo que, en un primer momento, asociamos a relaciones de pareja. Sin embargo, es una situación muy común que también se manifiesta en otro tipo de relaciones como las que se establecen en el trabajo, la familia, las amistades…

Cuando dependes emocionalmente de alguien ves coartada tu libertad a nivel de pensamiento, emoción, conducta… o todos a un mismo tiempo. Por ejemplo, dependes emocionalmente cuando sacrificas todo por tus hijos sin pedir nada para ti, cuando te amoldas a los planes de tus amigos aunque no te apetezcan, cuando no sales sin tu pareja a ningún sitio (y quieres que ella haga lo mismo), cuando dejas de poner límites y mostrar tu punto de vista aunque haya algo que no te gusta…

Manos atadas con un rayo de luz

La dependencia emocional protagoniza cualquier episodio en el que actúes priorizando los intereses, ideas o sentimientos de los demás frente a los tuyos propios. Cuando actúas bajo ese modelo de relación el faro que guía tus decisiones no es el tuyo, sino que estás a expensas de la luz que te dan los demás. Y por eso, en ocasiones, te sentirás a oscuras y perdido cuando el otro no esté  para marcar el camino.

Pero, ojo, también tiene dependencia emocional el que siempre «tira del carro», el que es «siempre fuerte» o «siempre perfecto», el que «ilumina» a los que le necesitan... La única diferencia es que esta actitud es la otra cara de la moneda.

Una relación dependiente es cosa de dos, del que aparentemente tiene el poder y del que se somete, pero ambos están enganchados.

También puedes ser dependiente de forma sutil, más bajo cuerda, lo que provocará que tu energía se vaya desgastando sin que te des cuenta. En estos casos, aparentemente, no hay grandes dramas o demostraciones de necesidad extrema, pero es justo esa fachada «inofensiva« lo que lo convierte en un problema, puesto que la dependencia se hace más difícil de detectar y, por tanto, de solucionar.

El objetivo es positivo, la forma de conseguirlo, no.

Si te estás relacionando de forma dependiente con alguien, lo primero que tienes que hacer es no criticarte. Ten en cuenta que las personas actuamos lo mejor que sabemos y podemos en cada momento.

La dependencia emocional es una forma aprendida de movernos dentro de las relaciones, de satisfacer nuestras necesidades humanas de apoyo, compañía, reconocimiento y autoestima. Y a lo largo de nuestra vida esas necesidades pueden haber sido cubiertas o no; unas más y otras menos; unas a cambio de obediencia y otras porque nos sometimos de alguna forma...

Quizás ganaste reconocimiento siendo «siempre fuerte», o aumentaste tu autoestima gracias a los halagos de otros sobre tu aspecto físico, o la protección solo te llegaba si te mostrabas indefenso y sin recursos... En este tipo de escenarios a uno se le va grabando la canción sin que se dé cuenta: «Si quieres reconocimiento no te muestres débil», «si quieres compañía tendrás que adaptarte a lo que quieran los demás», «no puedes tú solo», «muéstrate indefenso y entonces vendrán», «cuida siempre tu físico, que parezca siempre perfecto...».

Nunca olvides que la motivación que subyace es buena, pues busca satisfacer una necesidad. En cambio, ni la forma ni los medios que empleas para conseguir ese reconocimiento son los adecuados, puesto que pagas por ellos un precio personal muy alto.

Distingue la dependencia de la necesidad

Dependencia es el «sin ti me angustio», «sin ti no puedo vivir». Necesidad es «puedo vivir sin ti, pero contigo es más fácil, «puedo vivir sin ti, pero me gusta más vivir contigo». Aquí está la clave.

En mi consulta me he encontrado muchos casos de gente que pensaba que no podría vivir sin la otra persona, pero que cuando finalmente se separaban estaban rebosantes de felicidad y vitalidad. A veces te sorprendería ver cómo aquello que crees que tanto necesitas, una vez lo pierdes o se va, resulta que no lo echas de menos, o quizá solo una milésima parte de lo que pensabas.

Uno de los motivos de nuestro sufrimiento es creer que es imprescindible y necesario aquello que tan solo es un deseo.

Y lo más importante en toda esta cuestión es que en las relaciones dependientes las necesidades de las que hablábamos no solo no suelen satisfacerse, sino que, de hecho, son motivo de discusiones reiteradas... ¿Sabés por qué? Porque, en la mayoría de los casos, en una relación de dependencia emocional lo que te engancha al otro es lo que podría darte (pero no lo que te da), lo que te gustaría que te reconociera y valorara (pero que nunca lo hace...). Así  que, si lo piensas, ¡no hay nada! ¡Ya estás viviendo sin la otra persona!

El objetivo de este post es que des un primer paso comenzando, simplemente, a reflexionar. Por eso, te invito a explorar estas cuestiones:

  • ¿En qué situaciones de mi vida no me siento con libertad de movimientos para ser, decir o hacer?
  • ¿Qué creo que sucedería si actuase libremente y «desobedeciese»?

 

 

Escrito por: Elena González Morujo

Psicóloga de adultos en Clínica Prosalud.

Tlf: 91 616 93 20

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